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Jesús Martínez, presidente de AFELÍN
Martes, 21 de julio de 2015

La negociación colectiva en el sector de la limpieza de edificios y locales

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Cuando se cumplen tres años desde la entrada en vigor de la Ley 3/2012, por la que se limitaba la ultractividad de los convenios colectivos, y toda vez que la norma legal, en este y en otros importantes aspectos, ha sido motivo de una contrarreforma judicial, que no legislativa; conviene que hagamos un somero análisis del estado de la negociación colectiva en el sector de la limpieza de edificios y locales, que seguro es coincidente con el de otros muchos sectores de la producción y servicios en España.

En el primer semestre de 2013 se publicaron 33 Convenios Colectivos de Limpieza de Edificios y Locales, un 60% del total de los convenios colectivos sectoriales existentes en el Sector, y en el conjunto del año 2013 se negociaron o prorrogaron el 84,5% de los convenios colectivos sectoriales. Es evidente, pues, que la presión que la reforma legal tuvo sobre los negociadores tuvo un efecto positivo sobre los tiempos de negociación, agilizando la misma. 


Sin embargo, si atendemos al efecto que produjo sobre los contenidos de la negociación, hemos de reconocer que ha sido nulo. Es decir, que el loable objetivo de la reforma de “evitar la petrificación de la negociación colectiva” ha resultado un absoluto fracaso, al menos, en nuestro sector. 


Ahora bien, entrado el mes de julio de 2015, encontramos que el 72,7% de los convenios colectivos sectoriales de limpieza han perdido su vigencia, el 55% de ellos hace más de un año, sin que se haya alcanzado acuerdo en su negociación. ¿Habrá tenido algo que ver las Sentencias judiciales de las que hablamos? 


Constatada esta realidad, podríamos elucubrar sobre quién es el beneficiado de esta situación y, por tanto, responsable de la misma. No es nuestro objetivo, no obstante si conviene reflexionar sobre ciertas circunstancias que no solo no contribuyen a normalizar la situación, sino que, en algún caso, introducen elementos que la dificultan, como son: 

 

1. El III Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) alcanzado por CEOE y los Sindicatos CC.OO. y UGT, no contribuye a facilitar la negociación colectiva en el sector de la limpieza. Sin ánimo de ser exhaustivos, citaremos solo dos aspectos sectoriales que chocan frontalmente con este Acuerdo Interconfederal: 


- Los convenios colectivos del sector de la limpieza tienen un incremento medio anual vegetativo de un 1,20%, derivado de la aplicación de las cláusulas de antigüedad todavía hoy existentes, circunstancia que es absolutamente incompatible con subidas salariales como las pactadas en el Acuerdo Interconfederal de hasta 1% en 2015 y hasta 1,5% en 2016. Aderezado, además, con cláusula de revisión. 


- La licitación pública representa ¾ del total del volumen económico del sector, y todos los pliegos publicados durante los últimos años, sin excepción, prevén costes del servicio inferiores al coste del personal previsto en los convenios colectivos actuales. 

 

 

 2. La rigidez de los convenios colectivos del sector en aspectos sustanciales de la relación laboral dificultan, cuando no impiden directamente, la ejecución de determinados servicios. Sirvan como referencia más significativa la distribución de la jornada, licencias, turnos y vacaciones; o el Complemento de Incapacidad laboral y su influencia sobre el absentismo que presenta los índices más altos del conjunto de los sectores. 


Ante esta situación, la posibilidad de modificar su regulación, por mínima que sea, resulta tarea imposible por: 

-  La rotunda negativa sindical. 


- La pretensión de introducir regulaciones en el ámbito sectorial estatal con el objetivo de consolidar las rigideces del ámbito provincial y, de paso, impedir la negociación en el ámbito de empresa. 

 

- Impugnando arbitrariamente los convenios de empresa que no llevan su aval y firma como marchamo de calidad, en base a la falta de legitimación de los firmantes. 

 

 

Pensábamos que existía coincidencia y voluntad de dotarnos de un escenario normativo diferente en el que ambas partes estén obligadas a entenderse para evitar la incertidumbre y crear un clima laboral estable. No con el único objetivo de mejorar las condiciones, sino también de adaptarlas. Una vez más, estábamos equivocados.

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